La realidad que describe este pequeño texto es de sobra conocida y en bastantes casos, “padecida” por muchos hijos cuya edad se encuentra entre los 50 y los 60 años, en relación con el deterioro físico y mental de sus padres.
Es algo que se ve venir pero el tránsito de una situación a otra puede ser muy duro, dependerá mucho del carácter y biografía de los padres.
Los hijos tendrán a encarar un doloroso proceso de aceptación y adaptación, siempre desde el cariño y el respeto a quien te lo ha dado todo.
Esta vez incluyo unos consejos, cosas que la práctica me ha demostrado que pueden tener alguna utilidad.






